La Federación

  •  CRÍTICA   •  TESTIMONIOS   •  TESTIMONIOS

TESTIMONIOS

TESTIMONIO A

“Caos”. Esa fue la primera palabra con la que A pudo describir la modalidad virtual. Su camino para decidir la carrera que quería estudiar fue pedregoso, pero en el fondo siempre supo lo que deseaba hacer: ayudar de cerca a la gente, aportar a su entorno, tener un impacto durante los momentos difíciles. El cambio drástico que experimentó el mundo debido al virus que ya todos reconocemos con hartazgo ha hecho de tal intención algo casi imposible.

Práctica, práctica, práctica, es lo que resuena en la mente de A. Esta es la esencia de su carrera, algo insustituible que, junto con el entrenamiento físico y el trabajo en equipo, brilla por su ausencia; A y sus compañeros no están aprendiendo a hacer, solo están navegando entre malabares hasta regresar a lo presencial.

“Hallarle a los profesores” es como puede expresar la mayor dificultad de las clases en línea. Si bien algunos de los maestros han intentado hacer lo imposible, aplicar dinamismo a materias que requieren irremediable de lo físico, en muchos casos los alumnos se han enfrentado a clases impredecibles, horarios irregulares e indicaciones confusas que los dejan entre la espada y la pared, pues, buscando ayuda de los administrativos, únicamente consiguen ser señalados y recibir malas calificaciones sin entender por qué.

A sabe que tiene suerte, que no necesita trabajar ni carece de medios para acceder a las clases, sin embargo, las frustrantes circunstancias, la falta de comunicación con los docentes y la carga de trabajo que convirtió al horario escolar en días y noches sin fin, le hicieron experimentar niveles de estrés tan insoportables que descubrió que sufría de una enfermedad cardiaca, y ahora recurre a medicamentos para llevar una vida normal.

Para A algo es claro: es urgente regresar a clases presenciales, continuar así en la UdeG sería insostenible y le orillaría a buscar otras alternativas. Los sentimientos de motivación y cariño por lo que quiere hacer han sido reemplazados por enojo y tristeza hacia una situación que está fuera de sus manos, y por mucha frustración, pues ni siquiera ha tenido contacto con aquello que le animó a tomar este camino, aquello que tanto le ilusionaba y que se ha diluido en medio de la adaptación a una forma de vida que nadie imaginaba.

TESTIMONIO B

Desesperación, ansiedad, depresión latente; una batalla por encontrar ánimos para hacer las mismas cosas de ayer,de hace una semana; debate entre el respiro de salir y el peso de poder contagiar a un ser querido. Así se siente B tras el último año que le ha hecho arrastrar con un gran desgaste. Su preparación para ingresar a la universidad se sumó al trabajo emocional de existir en el mundo actual. La concentración y las ganas de iniciar su camino universitario tuvieron que combatir con la mente, con el silencio, con la repetición de los días, todo para no poner en pausa las metas.

La anulación del examen despertó tristeza y reavivó el estrés que se creía aliviado, además de provocar sentimientos de coraje e injusticia, especialmente porque el estudio y el dinero invertidos en cursos no rindieron ningún fruto. Aun así, para B el resultado no fue del todo negativo, pues pudo asegurar su lugar dentro de la universidad únicamente con su promedio.

Era predecible un ingreso a clases inusual, pero lo que no se podía predecir era que solucionar problemas tan prácticos, como conseguir información, se convertiría en noches en vela. Días antes del comienzo de clases, B y sus compañeros comenzaron a enfrentarse a una cantidad abrumadora de publicaciones, correos, videos y tests que, con el afán de ofrecer instrucciones sobre los primeros pasos para entrar en contacto con su universidad y sus profesores, no hicieron más que confundirlos, teniendo que recurrir unos a otros para poder integrarse. Antes de siquiera iniciar, B y sus compañeros ya estaban llenos de dudas y preocupaciones.

Los siguientes meses se anticipan como una pesada tarea: el estrés normal de iniciar la universidad, manejar la nueva situación en línea, cuidar de la salud mental, lidiar con nuevos cursos que pretenden ayudar, pero en realidad son más cargas. El estado actual es de mucho miedo e incertidumbre: ¿podré avanzar en estas circunstancias? ¿será este el lugar adecuado? ¿resistiré? ¿valdrá la pena?

TESTIMONIO F

Desesperación, ansiedad, depresión latente; una batalla por encontrar ánimos para hacer las mismas cosas de ayer,de hace una semana; debate entre el respiro de salir y el peso de poder contagiar a un ser querido. Así se siente B tras el último año que le ha hecho arrastrar con un gran desgaste. Su preparación para ingresar a la universidad se sumó al trabajo emocional de existir en el mundo actual. La concentración y las ganas de iniciar su camino universitario tuvieron que combatir con la mente, con el silencio, con la repetición de los días, todo para no poner en pausa las metas.

La anulación del examen despertó tristeza y reavivó el estrés que se creía aliviado, además de provocar sentimientos de coraje e injusticia, especialmente porque el estudio y el dinero invertidos en cursos no rindieron ningún fruto. Aun así, para B el resultado no fue del todo negativo, pues pudo asegurar su lugar dentro de la universidad únicamente con su promedio.

Era predecible un ingreso a clases inusual, pero lo que no se podía predecir era que solucionar problemas tan prácticos, como conseguir información, se convertiría en noches en vela. Días antes del comienzo de clases, B y sus compañeros comenzaron a enfrentarse a una cantidad abrumadora de publicaciones, correos, videos y tests que, con el afán de ofrecer instrucciones sobre los primeros pasos para entrar en contacto con su universidad y sus profesores, no hicieron más que confundirlos, teniendo que recurrir unos a otros para poder integrarse. Antes de siquiera iniciar, B y sus compañeros ya estaban llenos de dudas y preocupaciones.

Los siguientes meses se anticipan como una pesada tarea: el estrés normal de iniciar la universidad, manejar la nueva situación en línea, cuidar de la salud mental, lidiar con nuevos cursos que pretenden ayudar, pero en realidad son más cargas. El estado actual es de mucho miedo e incertidumbre: ¿podré avanzar en estas circunstancias? ¿será este el lugar adecuado? ¿resistiré? ¿valdrá la pena?

Leave a reply