La Federación

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CULTURA

Entrevistas del multiverso

Reseña de la serie The Midnight Gospel

Francisco Pérez Neri

Letras, CUCSH

Si estás buscando conversaciones interesantes y enriquecedoras pero sin el aburrimiento de quedarse platicando en un simple sofá, entonces esta serie de Netflix es definitivamente para ti. Elaborada por el creador de series como Hora de Aventura, Pendleton Ward, y el comediante Duncan Trussell, The Midnight Gospel sigue el hilo de la realización de un podcast espacial en el que se tratan temas tan relevantes y profundos como la vida y la muerte, la meditación, las drogas, la magia o la salud mental. No obstante, no veremos a psicólogos serios confrontando teorías rígidas, sino a gente de otros universos, con problemas comunes, pero en escenarios extraordinarios.

Clancy Gilroy, el protagonista, es un joven que recién adquirió un “simulador de multiversos” con el dinero que le prestó su hermana. Ella le pidió gastarlo en su educación, pero él quiere perseguir su sueño de volverse rico y famoso con su spacecast. Así pues, en compañía de algunas cámaras automáticas y voladoras, va de mundo en mundo en su simulador, buscando entrevistas densas (basadas en entrevistas reales) y encontrando escenarios extraordinarios, inmersos de cierta temática globalizada, pero única en cada mundo.

Por supuesto Clancy, al igual que sus entrevistados, no es un tipo serio y mucho menos se limita a soltar pregunta tras pregunta, participa de cada una de ellas con opiniones y ejemplos de su propia vida cotidiana, se pone en los zapatos de estos desconocidos para comprender su situación y en equipo reflexionan sobre problemas graves o no tan graves, aunque más comunes de lo que tal vez creerías, y sobre soluciones obvias y no tan obvias, que tal vez ya estaban ahí, pero que no te detuviste a considerar, o si lo hiciste, no está de más una confirmación.

Te invito a que seas parte de estas intensas pláticas, a que te emociones con estos increíbles panoramas y a que descubras los problemas en los que Clancy se mete, con la gente que lo rodea, con su simulador y hasta con la policía. Te aseguro que no solo te entretendrás y divertirás un buen rato, también tendrás material para reflexionar sobre algún conflicto de tu interior, ya sea durante el capítulo, cuando pasan los créditos al terminar, o simplemente para el resto de tu vida. Puedo adelantarte que la moraleja en The Midnight Gospel es que todos vivimos en nuestro propio mundo, conformado de maneras especiales y únicas, con cimientos en nuestras vivencias individuales, pero eso no es limitante para incursionar fuera de nuestro mundo, para aprender más sobre nosotros mismos gracias a las palabras de los otros.

El destructor del lenguaje

Fernanda Toscano

Letras, CUCSH

El bar quedó completamente mudo. El escándalo provocado por tan extraño personaje alteró la calma pactada por borrachos. Entre estruendos y sollozos lo arrastraron hasta la puerta, tal vez quebraron una que otra botella en la captura. No estoy seguro, haber conversado momentos atrás con él me dejó bastante desconcertado. Se presentó como un destructor del lenguaje, un desertor de las obsoletas escuelas del habla. Pensé que se encontraba completamente drogado. No pude creer en sus palabras hasta que escuché aquella ensordecedora descarga de pólvora. 

—He matado una vocal.

—¿Cómo?

—Que maté una vocal. La más espantosa de todas, no volveré a proclamarla jamás. Las a me agradan, ¿sabe?, se asemejan a un dulce y fugaz lamento. Las e no están tan mal, me gusta el golpe que dan en la garganta; las o y las u son muy coquetas, ¿no cree?, parece que demandan un beso perpetuo. ¿Me comprende, camarada? De seguro ya logró augurar aquella vocal que tanto detesto, ¡hasta pensarla me resulta repugnante!

—Acaso usted es escr…

—¡Cállese, camarada, le ruego que no proceda! ¿No lo capta? Esa palabra posee la letra que he matado, no se atreva a usarla hasta que me haya marchado. La muerte acecha y ella jamás descansa.

—Bueno, pero respóndame: ¿lo es o no lo es?

—Era, ya no lo soy. Abandoné ese sueño hace poco. Antes era poeta, y uno de los buenos, gané muchos galardones. Lamentablemente, las musas se fueron y temo que nunca más volverán. Tal vez por eso ya no creo más poemas, los versos dejaron de provocarme placer. Solo me concentraba en censurar aquella asquerosa vocal, pero, por más que traté de lograrlo, fracasé rotundamente. De esta manera exploré otro género, el drama; mas los buenos poetas no pueden ser buenos dramaturgos, solo muy pocos espectadores desean escuchar los extensos lamentos de este desafortunado ser. Ya no me quedaba nada…

—¿Nada?

—¡Nada! Lo peor para un poeta es permanecer en un estado de perpetuo bloqueo. Nosotros nos sustentamos de pura belleza. ¡Aquella vocal lo estropeó todo! ¿No lo ve? Se robó el arte que tanto amaba. Entonces, estallé en cólera y la quemé. La arrojé a las llamas junto a todos los poemas que creé. Yo he matado una vocal. Estoy sumamente preocupado, camarada, ellos ya deben saber dónde me encuentro.

—¿Ellos?

—¡Ya no haga más preguntas tontas! Le acabo de confesar el peor de los pecados. Por supuesto que han de estar buscándome, atenté contra lo más sagrado para un amante de letras. No solamente destrocé una parte fundamental del lenguaje, ¡la borré por completo de la faz del planeta! No volverá a usarse jamás, ¿comprende? Ahora ellos harán algo semejante, seré el objeto de su venganza. Ya están cerca, lo sé.

—¿Y qué hará?

—Beber hasta que me encuentren.

El nombre de la lluvia

Carmen Arely Cadena Pérez

CUCSH

Se escapó. No la oímos salir y no nos dimos cuenta hasta las nueve, cuando le hablé para cenar y no me respondió, entonces fue cuando salimos mi esposo y yo a buscarla. La niña acababa de cumplir diecisiete años unos días atrás y ya quería sentirse grande, porque cuando se escapó era día de fiestas en el pueblo y no la habíamos dejado salir porque le decíamos que aún estaba chica; más porque en las fiestas siempre llegan los brujos y, ya ve, vienen nomás para ver de quién se aprovechan. La niña lloró un rato y nos rogó que la dejáramos ir, pero no nos convenció y esa tarde tomamos su silencio como molestia, mas debimos saber que indicaba algo, porque la chamaca era escandalosa por naturaleza. La estuvimos busque y busque, pero era una aguja en una pajar entre el gentío que se junta para las fiestas. De no haber visto al grupo de gente reunirse alrededor de uno de los juegos de la plaza, nunca hubiéramos sabido qué le pasó, porque lo que sucedió fue cosa de segundos: entre la gente estaba la niña, estática, pálida como fantasma, y supimos, cuando al instante se soltó la lluvia, que su destino ya estaba marcado —quién sabe, quizá por un sexto sentido o mera costumbre a verlo todo como desgracia— porque, mientras nosotros apenas nos mojábamos, a la pobre le caía un aguacero: tan así, que la niña estaba separándose de su cuerpo, como si la lluvia la golpeara tan fuerte, que el alma se le estuviera saliendo. La niña nos vio y, mientras lo hacía, se dio cuenta de su desgracia; pero la lluvia se llevaba sus lágrimas y los truenos a su alrededor opacaban sus gritos.

— ¿¡Con quién fuiste, Itzel!? ¿¡Con quién, Itzel!?

Le gritó mi esposo, mientras intentábamos acercarnos y la impotencia nos tomaba. La niña alcanzó a decir “El brujo ruso cuando su alma se convirtió en una clase de humo y subió a las nubes. Su cuerpo salió corriendo y ninguno de nuestros intentos por agarrarlo funcionó; el cuerpo escapó y no sabe cuántas pesadillas he tenido con esa imagen. Dice la gente que su alma se unió a la lluvia y yo les creo, porque, fíjese, ahorita nomás llueve sobre mi casa y así ha sido desde ese día; yo creo que son sus lágrimas. Usted no la escucha, pero yo, que soy su madre, oigo su dolor. Ella solo quería salir a las fiestas y no hay culpa en errar en las decisiones. Mi esposo y otras personas del pueblo salieron a buscar el cuerpo de la niña, porque dicen que lo que pasó es que le sacaron el alma para que algún brujo, ya viejo, tomara su cuerpo. La policía dizque busca al tal brujo ruso, aunque lo cierto es que nadie recuerda que haya habido uno ese día, porque es lo que hacen esos cabrones: golpear en la memoria para que nadie los recuerde y, si acaso lo hacen, los recuerden borrosos, con otras caras y otros nombres. Ya cada que va a llover, decimos que viene Itzel… Ojalá fuera así, ojalá sí viniera.

Cobarde asesinato

Emmanuel Santana Guzmán

Letras, CUCSH

Invades tierras, humano, sin pedir permiso alguno, como si fueras un huno en guerra y, con arco en mano, liquidaras cual villano a quien nunca te ha dañado y solo te ha otorgado el oxígeno vital a tu cuerpo siempre leal por tu nariz siempre usado. Mas la maldad no conoce límites para cortar y dañar sin cavilar a aquel a quien desconoce; verde guerrero que en doce o más piezas dividido es su cadáver formido. ¡Vaya mundo y su injusticia, pues por insana avaricia toda tu vida has perdido! Y allá va la sierra y corta a otro guardián indefenso, mientras el tocón, aún tenso, ferroso filo soporta, con la sangre que de la aorta en forma de aserrín brota, como muestra de derrota ante bruta fortaleza, descargada sin nobleza sobre verde especie rota; y su raíz arrebatada de tierra que protegía, con esmero y valentía para no ser ultrajada. De hojas ya no resta nada que se pueda rescatar, mucho menos reanimar con la fuerza de la ciencia, pues el mal y la demencia con la vida han de acabar por hacer su voluntad. Así caen otros millones, también sangrando a montones, partidos a la mitad, víctimas de la amistad entre el hombre y la maldad que lo ciega en necedad; explota materia prima, al entorno desanima y daña a la humanidad. Mas nadie puede parar las máquinas destructoras que atacan a todas horas al bosque sin descansar. Mas nadie puede evitar su maña de explotación, usada por la emoción y la ambición del poder, que nunca han de merecer por la deforestación.

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