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La ocupación del espacio universitario por parte de las mujeres en el caso de la universidad de Guadalajara

Mariela Sánchez González

Historia, CUCSH

En el marco del Día Internacional de la Mujer,la reflexión que se invita hacer es en torno a la lucha y ocupación de los espacios públicos, a los cuales las mujeres han tenido que abrirse paso a lo largo de los años, de manera que, a continuación, se abordará la inserción de las mujeres dentro de la Universidad de Guadalajara (UdeG), esto con el propósito de analizar el devenir histórico que han logrado trazar dentro del nivel de educación superior.

            La evolución del papel de la mujer dentro de la Universidad ha tenido un proceso de continuas alteraciones, debido a las coyunturas políticas y económicas que ha traído consigo la modernidad. En los inicios de la Universidad de Guadalajara la educación superior estaba dirigida a los hombres; es hasta su restauración cuando esto empieza a cambiar. José Guadalupe Zuno, siendo gobernador del estado, reabre la Universidad de Guadalajara en 1925, la cual nace con la influencia de la Revolución, de la búsqueda de un estado moderno y una sociedad que pueda incorporarse de manera inmediata a los procesos de producción industrial en auge.

            La política modernizadora de Zuno incluía el impulso a que las mujeres tuvieran una educación más amplia, incluso incluyó dentro de los miembros fundadores de la Universidad a dos mujeres: Irene Robledo García, maestra humanista, fundadora de la Escuela de Trabajo Social, galardonada con doctorado Honoris Causa y primera mujer que sus restos fueron trasladados a la rotonda de los jaliscienses ilustres, y a Catalina Vizcaíno Reyes, también maestra y que ahora un premio otorgado a las ciencias económico administrativas por la Universidad de Guadalajara lleva su nombre.

            Fue en este mismo periodo cuando la cantidad de mujeres matriculadas en la Universidad fue en aumento. Fernández Aceves (2005) habla de 164 graduadas de 1925 a 1933, año en el que la Universidad tuvo que cerrar de nuevo sus puertas. Las carreras elegidas por mujeres estaban muy delimitadas; la predilecta era maestra normalista, seguida por farmacéutica, aunque también estaban las carreras de dentista, enfermera, partera y técnica y práctica del comercio, y como casos excepcionales se tenían dos médicas y una abogada.

La incursión femenina en los estudios superiores fue un proceso largo y bastante debatido. Para este momento, en la sociedad tapatía se consideraba que la mujer no tenía la capacidad de desempeñarse en cualquier profesión y que se masculinizaba si estudiaba alguna carrera que no fuera considerada tradicionalmente femenina. Incluso si el estado modernizador parecía buscar la inclusión de la mujer en la vida universitaria, en el trasfondo buscaba mantener el estado de las cosas relacionado a la posición de la mujer por su género. Las carreras más aceptadas para que una mujer cursara, para los que empezaban a aceptar la educación superior femenina, eran aquellas que necesitaran de “características femeninas”, es decir, aquellas en las que pudiera seguir siendo vista de forma maternalista.

Otro aspecto a considerar de la situación de estas profesionistas es que las mujeres que entraban a la Universidad venían generalmente de familias de clase media y con una cierta tradición educativa. Además, una vez egresadas, estas carreras consideradas femeninas eran también las que en la jerarquía de profesiones tenían una remuneración más baja o que, practicando la misma profesión que el hombre, como en el caso de maestra normalista, recibían un pago menor.

            Los casos de las médicas y la abogada fueron más provocativos, ya que la abogacía y la medicina eran carreras consideradas totalmente masculinas y fue más complicado tanto cursarlas como poder ejercerlas, ya que existía hacia ellas una desconfianza en sus facultadas para ejercer. Sin embargo, fueron estos mismos casos los que poco a poco fueron abriendo campos y oportunidades a las mujeres a incorporarse cada vez más al espacio público. Son Jacinta Curiel y Juana Navarro, las primeras doctoras, y María Mercedes Martínez Montes, la primera abogada, las que a pesar de haber sufrido reproches y desconfianzas, abrieron el diálogo y la reflexión para poco a poco abrir el espacio a muchas más mujeres en la profesionalización de la mujer en la Universidad de Guadalajara.

Referencias:

ANUIES. (2020). Anuarios estadísticos de educación superior. Recuperado el 9 de marzo de 2021, de http://www.anuies.mx/informacion-y-servicios/informacion-estadistica-de-educacion-superior/anuario-estadistico-de-educacion-superior

Fernández Aceves, M. (2005). Debates sobre el ingreso de las mujeres a la universidad y las primeras graduadas en la Universidad de Guadalajara (1914-1933) [versión electrónica]. Revista de Estudios de Género. La Ventana, (num. 21), 90-106.

Fernández Aceves, M. (1995). Las mujeres graduadas en la Universidad de Guadalajara (1925-1933) . Historia Social de la Universidad de Guadalajara (pp.97-116). Universidad de Guadalajara. Recuperado el 9 de marzo de 2021.

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